domingo, 7 de octubre de 2012

A mi oculista cubana.

(Wikipedia)

Por Manuel da Roura .

Érase una mujer de bata blanca
Espigada elegante y muy bonita,
Oftalmóloga la nombran los que saben
y en lenguaje popular es oculista.
Érase mi llegada al consultorio:
los saludos de rigor, el ¡buenos días!
¿Cómo está señor Manuel? ¿Cómo le va?
Acomódese aquí en esta silla,
Tápese el ojo izquierdo con la mano
para que lea con el otro las letricas.
Y si puede, señor Manuel, si las distingue,
dígame también las pequeñitas.
La doctora de quien estoy hablando,
después de pasar su vista por mi vista,
me pone en la cabeza un aparato
que , a veces, en la frente me lastima.
Una luz brillante como un faro
reverbera molestosa en la pupila,
y un zigzag de intromisión invade el ojo,
iris, esclerótica y retina.
Cuando la doctora, minuciosamente,
da por terminada la revista,
empuña con su mano vigorosa
el plateado acero de las pinzas
y atenazando un pelo majadero,
que en el párpado mayor se interioriza,
con un solo tirón, ¡con uno solo!,
afronta el pestañeo y me lo quita.

( Manuel Silva Fernández, 
desde Caracas, Venezuela)


domingo, 30 de septiembre de 2012

Metido en donde se hacen los milagros.

POSTAL CRUCERO NAVARRA. BARCO. NAVAL. MARINA. EDICIONES FRAGATA (Postales - Postales Temáticas - Barcos)

                        
  Por Manuel da Roura.


Feria del mar en Vigo.

Corría el año de 1943 o 1944, cosa que mi memoria, harto disminuida, no puede fijar, se celebró en Vigo la “Feria del Mar”. No sé si anterior o posteriormente se dieron en esa ciudad eventos parecidos y con el mismo nombre pero, en el que señalo, estuve yo. Formé parte de la parafernalia necesaria para que el acto, como se esperaba, luciera grandioso.

Por aquellos años, en uno de los muelles que bordean la ciudad de Vigo, estaba atracado el crucero “Navarra”, ya desarbolado, sin cañones, ni lanzatorpedos, ni nada que estorbara el libre paso por cubierta. Los sollados, además de dormitorios, los habían convertido en aulas. En fin, el crucero Navarra era una escuela para marineros de la Armada en las especialidades de electricidad y radiotelegrafía que, en espera del desguace prestaba su último servicio a la marina.

La feria del mar de la que vengo hablando contó con un desfile de barcos pesqueros a todo lo largo de la ría, con intención de rendir honores al Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, quien, desde el puente del crucero “Navarra”, saludaría militarmente a todos y cada uno de los pesqueros que pasaran, mientras estos dejarían oír sus sirenas en honor a tan importante personaje.
Desconozco si la “Feria del Mar” incluía, además del desfile de barcos, cualquier otro evento, acto o ceremonia; aunque considero que el desfile marinero sería en aquel día lo más importante. Allí hubo una movilización de cientos de embarcaciones y quizás miles de pescadores, amén de la multitud que se aglomeraba a la orilla del mar desde Bouzas hasta muy adentro de la ría … Regreso a nuestro barco, el “Navarra”: Por aquellos tiempos la electrónica estaba en pañales y el mentado crucero, que posiblemente intervino en la guerra de Cuba, sólo contaba con un aparato a modo de gramófono que conectaba con unos altavoces colocados en diversos lugares del barco. El micrófono estaba en el puente. De allí salían las voces: “¡A formar!”; “¡Cabo guardia, preséntese inmediatamente en la oficina del comandante!”, etc., etc. Cuando se izaba o bajaba la bandera (amaneceres y atardeceres), un marinero se encargaba de colocar el disco del himno nacional en la base circular y el aparato, los cables y los altavoces desparramaban la música por el barco y aun más allá.

Por aquel tiempo el encargado de aquel gramófono (o como se llame) era yo. Un puesto no  muy honroso que digamos y que, por supuesto, no aportaba una sola peseta a mi bolsillo, harto flaco y desnutrido pero aquel cuarto solo para mí ofrecía ocasiones y tiempo para fajarme con la especialidad que estaba estudiando y leer, sin que nadie me incomodara, una que otra novelita romántica que compraba en un kiosco de la calle del Príncipe …Voy al cuento.

Serían las once de la mañana: La marinería del “Navarra” cubría candeleros en los dos costados del barco, babor y estribor. Algunos personajes (supongo que ministros o algo así) ocupaban parte del puente de mando, mezclados con uniformados casi todos de azul. Fuera del barco, al lado de la pasarela, el capitán de navío y comandante del “Navarra”, Don “No sé cuantos” (no recuerdo el nombre)  y otros oficiales esperaban la llegada del Caudillo y de su séquito.

Esperaba yo también desde mi cubículo, a través del ojo de buey a que el oficial de guardia diera tres timbrazos (era la señal) para poner en marcha la gramola, el gramófono, la “rokola” o como se llamara aquella cosa. Ya el disco estaba colocado en su lugar y bastaba mover una palanquita para que empezara a girar y todos los altavoces del barco lanzarían al espacio las gloriosas notas del himno nacional.

Es conveniente aclarar algunas cosas, porque, de otra manera, no se entenderá bien lo que quiero decir en este escrito: El cubículo o pequeño camarote donde se habían colocado los aparatos de sonido de los que yo estaba a cargo quedaba a un metro, poco más o menos, de la borda y como esta sobresalía medio metro del muelle, la pasarela por la que caminarían los visitantes quedaba toda ella a la vista de quienes, como yo, se encontraban abajo.
De pronto, sonó una corneta tocando “¡atención!” Luego la nota corta del “¡ya!”... “¡Firme todo el mundo!”, militares y civiles, aunque estos con menos marcialidad. Yo, pegado al aparato, esperaba. Por fin el “¡pi-pi-pi!”, muevo la palanca, el disco comienza a girar y, ¡oh Dios!, allá fuera se oye glorioso y salvador, el himno. Respiré fuerte tratando de tranquilizarme. Me fui acercando al ventanillo y… miré: Allí, a unos cuatro o cinco metros de donde yo estaba, vi al Caudillo de España que cruzaba la pasarela y entraba en el barco. Unos pasos más atrás Doña Carmen Polo de Franco, más alta que su esposo, pasó también. Luego, (el “luego” es el que me lleva a escribir toda esta cantidad de pendejadas) pasó Carmencita. Pasó Carmencita Franco Polo, hija única de Francisco Franco.

Yo vi cuando Carmencita pasó un poco más allá y más arriba de mi cabeza: Vestido blanco y con falda ancha hasta la rodilla. Pasó la Carmencita de los hermosos quince o dieciséis años, ¡no sé! . De pronto uno de esos soplos o “resollos” de viento que tanto se dan en Galicia, cruzó la pasarela y levantó la falda de Carmencita, dejando todo su hermoso piernero a la vista de los Silvas maleducados que no saben cerrar los ojos cuando deben. ¡Dios mío! : Blancas y regordetas, ¡hermosas!, ¡divinas! y, como diría cualquier pendejo, “las piernas que me recomendó el médico”.

La niña, avergonzadísima, se bajó la falda procurando cubrir las desnudeces y chillando un poco, por cierto. El marino que caminaba tras ella no hizo ni un gesto, ni un movimiento para ayudarla. En aquellos tiempos uno no estaba claro de cómo se batía el cobre en las alturas.

Después que Carmencita entró en el barco, yo seguí con las narices pegadas al ventanillo… “¡Carajo! “ Pensé: “Qué estoy haciendo?” Si alguien me ve aquí, sabrá que miré lo que no debía”. Me aparté del mirador y me senté, recordando las piernas de Carmencita. Carmencita Franco, luego marquesa de Villaverde, jamás pensó, supuso o soñó que un galleguiño de la costa, la vio en pantaletas. A veces los milagros se dan, y yo estuve siempre metido en donde se hacen los milagros… Demasiadas veces y no siempre gratas.     
     



(Wikipedia)

miércoles, 16 de mayo de 2012

bem invitados: de Chao de Vilalba e de man negra


bem invitados: de Chao de Vilalba e de man negra: Ramón Chao Rego - Periodista y escritor en A Coruña - foto: Juan Valera "Francia está peor que España" "Siempre digo que Mano Neg...

viernes, 2 de marzo de 2012

Leopoldo CARTUJO:


             LOS SILENCIOS DEL “MATACURAS”.

No me lo han contado, lo he visto con mis propios ojos, que a no mucho tardar serán devorados por esta misma tierra, lo he visto -repito- al tierno, al melifluo, al maravilloso, al sublime editorialista de Globovisión Leopoldo Castillo, al borde de las lágrimas, demandando la ficha técnica del postoperatorio de Chávez en la nación impía. Envíensela, por favor, la Ministra de Sanidad, sin demora, quien sea, sin intermediación, en persona y muy fraternalmente; porque este hombre sufre y su tristeza y su inconsolable aflicción, contagiosas, conmueven a las piedras, y a las lagartijas.

   El don de la palabra es prodigioso. El del publicista Leopoldo crece y se multiplica por los 9 millones (de votantes) que se han de sumar (y no restar) a Chávez en pos de la tercera Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela; volando va, desconsolado, cara a Miranda, en una alfombra de moneda trucada, el Capriles Radonski. Cada vez que lo pienso me asombro. Hablo de la taumaturgia de quien se dice y profesa Castillo. Un castillo, por definición, es pura fortaleza; pero, amigos, ¡cuidado!, que no hay enemigo pequeño: Una sola palabra ha derrotado ejércitos.

   Retomo la “palabra”, porque, siendo moneda de cambio, tiene como dos caras: El Significado, que remite al concepto o imagen mental, y el Significante, de naturaleza sonora y acústica, que nos lo despierta o aviva. La vinculación “arbitraria” entre el uno y el otro produce el milagro en todos y en cada uno de los hablantes de las diversas lenguas. A Leopoldo Castillo, para ejercer de oráculo, le llega, y le sobra, la lengua castellana. Él, sin consultar a Saussure, domina, de pe a pa, por activa y por pasiva, las funciones y potencialidades del lenguaje, de la lengua, del habla y del ideolecto, y en todas destaca: Cuando establece ese inmenso monólogo, que es cuerda de catecismos, no sólo se expresa (faltaría más),  pues, con maestría sapiencial, también apela al otro, toca las teclas referencial y metalingüística, y, ¡atención!, no se olvida de la fática y de la poética, en la que sobresale. 


  Mirándole de frente, el Globovionario, parapetado detrás de sus gafas de tortuga y emboscado en una máscara de búho, diríase que nos va a revelar los misterios del alma o a servirnos una pócima para combatir un catarro nasal; pero no, él incide con gran delicadeza en lo más hondo de la naturaleza humana, y, a la par, nos endilga un rosario de setenta misterios. Sin embargo, lo suyo, su originalidad manifiesta reside en los silencios. Se calla y parece que suspendiera el tiempo. Emprende otro párrafo pleno de ceremonia, de circunloquios, de modulaciones propias del alacrán virtuoso y te adormece en la bondad absoluta. Parece que haber quemado todo su combustible. Jamás, en modo alguno. Aunque las palabras las haya arrastrado, una a una, por el plató, como se arrastra, contra su voluntad, un perro con patines, el Matacuras te llega, sin embargo, verdaderamente a las entrañas con sus silencios profundos, nunca bien ponderados. Aquí y ahora, como lo acuña el dicho (“a maitines”, "ad laudes", o “ad vesperas”), el orate de la telebasura hace oración mental (reza por sí y para el género humano), se bate el cobre con la ceja derecha y experimenta sudores de un parto de sombra en el espejo. Gracias a su preclara elocuencia de manso pugilista, los demás boxeadores sonados no se mueren de envidia.  No es pequeño detalle.

"No podemos permitir que La Hojilla nos siga desmontando las matrices de opinión"

        Leopoldo Castillo, el “Matacuras” -para entendernos- se sacude el baldón (a todas luces injusto) de  asesino arrastrado y, digan lo que se digan, cuando hace de cartujo, cobra fama de mártir.  
                                         

¡Qué buena compañía!

(Rioderradeiro)

miércoles, 29 de febrero de 2012

bem invitados: de Manuel da Roura, de 2001 á vista está

bem invitados: de Manuel da Roura, de 2001 á vista está: Carta personal de Manuel da Roura, Venezuela, 12-08-2.001 Amigo Bem: Quedó poco espacio para ti. Aunque se trató, ahí en Santiago, ...

miércoles, 25 de enero de 2012

Fallece CARLOS ESCARRÁ (Procurador General de la República de Venezuela)

 


‎"Carlos Escarrá falleció a causa de un infarto este miércoles en su residencia / 


Desde 2011 se desempeñaba como Procurador General de la República / El 


anuncio lo realizó el ministro Tareck El Aissamí



El Procurador General de la República Bolivariana de Venezuela, Carlos 


Escarrá, sufrió, este martes, una afección cardiaca, que provocó su 

fallecimiento.


Así lo informó en contacto telefónico con Venezolana de Televisión, el 

ministro del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia, Tareck El 

Aissamí.


“La desaparición física de Escarrá enluta al pueblo de Venezuela”, manifestó.

Carlos Escarrá Malavé se desempeñaba desde 2011 como Procurador General 

de la República, designado por el presidente Hugo Chávez, a través de una 

carta enviada a la Asamblea Nacional.


Durante su trayectoria como abogado fue miembro de la Comisión 

Presidencial, promotor de los Consejos Comunales, miembro para la Reforma 

Constitucional, viceprocurador General de la República en 1999, magistrado 

del Tribunal Supremo de Justicia, docente en distintas cátedras de Derecho de 

la UCAB y UCV, profesor asociado del escalafón del personal docente y de 

investigación de la UCAB por 33 años, entre otros.


El gobernador de Aragua, Rafael Isea, publicó en la red social Twitter: 

"nuestro profundo pesar por el fallecimiento del Camarada Carlos Escarrá! El 

pésame a su familia y al PSUV! Hasta siempre, Carlos!".

lunes, 16 de enero de 2012

Leopoldo Castillo (¿MATACURAS?): "Operación Centauro"



Leopoldo-CastilloMIGUEL A. JAIMES N. / APORREA – “Operación Centauro” fue el nombre código para el plan de eliminación física de un grupo de religiosos que estuvo bajo sospecha severa de colaborar con las guerrillas salvadoreñas. El proyecto implicaba agentes cubanos radicados en Miami y al hoy ex embajador de Venezuela en El Salvador, Leopoldo Castillo, de quien se ha dicho era la fuente de los servicios de inteligencia que identificó a las víctimas.
Los crímenes fueron perpetrados por el brazo armado del partido fascista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) de ese país centroamericano, fundado en 1985 por Roberto D´Aubuison, a quien se les comprobó haber sido el autor intelectual del asesinato de monseñor Arnulfo Romero Arias, ejecutado de un tiro en la frente cuando oficiaba misa en la catedral de San Salvador.
En el mismo renglón criminal están otros los repugnantes y viles asesinatos de seis sacerdotes jesuitas conocidos con los nombre de Ignacio Ellacuría, Armando López, Juan Ramón Moreno, Ignacio Martín- Baró, Segundo Montes y Joaquín López, quienes se desempeñaban como profesores de la Universidad Centroamericana (UCA), acusados de pertenecer a la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FLMN).
La Operación Centauro fue un ambiente de terror desatado por un grupo de coroneles concentrados en el conocido “Escuadrón Tandona”, responsables de haber colocado bombas en las sedes de madres y viudas de guerrilleros caídos en combate y de la Federación de Sindicatos, ocasionando la muerte de varias mujeres y de diez líderes sindicales.
Operaban con grupos de hombres armados de fusiles y pistolas y en la madrugada del 16 de noviembre de 1989 irrumpieron violentamente en la UCA, obligando a los seis jesuitas a levantarse de sus camas, conduciéndolos hacia un pequeño patio donde fueron puestos boca abajo en la tierra, y procedieron macabramente a dispararles uno a uno balas explosivas en la cabeza. Al marcharse, descargaron sus armas en la imagen de Cristo en la Cruz, que estaba a la entrada de la universidad.
Aquí entra la participación del señor Leopoldo Castillo, autonombrado El Ciudadano. Días antes al 16 de noviembre de 1989, un ex capitán de la entonces Venezolana Internacional de Aviación (VIASA), estando al servicio del Ministerio del Interior del gobierno de Luis Herrera Campins, fue citado por el director de la policía secreta –DISIP-, Remberto Uzcátegui. El objetivo fue recomendarle una “peligrosa misión”, según sus palabras, a cambio de una gigantesca suma de dinero.
El plan se activo. El 18 de noviembre de 1989 despegó desde La Carlota (aeropuerto caraqueño) un avión, conducido por ese piloto, iban con él, cuatro comandos que se identificaron como agentes de la DISIP y quienes introdujeron en la aeronave tres bultos. Al requerirles el capitán de qué se trataba, le comunicaron, luego de comprometerlo a guardar silencio, que uno de los sacos contenía seis millones de dólares y los otros dos, cinco fusiles y muchos proyectiles explosivos.
Después de despegar el avión hace un toque técnico en Costa Rica, (Centroamérica) donde los agentes fueron presentados como personal de la Embajada de Venezuela en El Salvador.
El viaje prosigue y aterrizan en una pista de un cuartel próximo a la capital salvadoreña. Inmediatamente se presentaron dos vehículos portando en la parte delantera entre las luces y los dos guardafangos banderas de Venezuela, en estos vehículos montaron los bultos.
Al partir, fueron interrumpidos por un oficial que montaba guardia en la reja de prevención, y quien reclamó requisar los vehículos, pero los tripulantes se movieron rápidamente y consiguieron una orden del general jefe del cuartel, y el guardia tuvo que desistir en su intento.
Al llegar a la sede de la Embajada el escenario era lúgubre, las entradas estaban protegidas por una valla y sacos de cemento, inmediatamente los bultos fueron recibidos por el embajador de entonces, el Sr. Leopoldo Castillo, quien al tiempo seria conocido en el país centroamericano con el remoquete de “Matacura”.
Según investigaciones del mismo Senado estadounidense el 31 de enero de 1990, señalaron que la Operación Centauro implicaba a agentes cubanos residentes en Miami y al embajador de Venezuela, en El Salvador, Leopoldo Castillo, de quien se dice ya había trabajado en la fuente de los servicios de inteligencia que no tardaron en identificar a los seis jesuitas asesinados.
Esto, forma parte de la investigación que realizaba el Senado estadounidense respecto a la nominación de Roger Noriega cuando su nombre fue propuesto para la Subsecretaría de Estado para América Latina.
Noriega estaba conectado con Elliot Abrahams, John Negroponte, Roger Maurer y Oliver Norh, muy conocidos por sus injerencias en los asuntos internos de los países latinoamericanos y sus siniestros planes, como la “Operación Centauro”, con asesinatos y actividades criminales y Leopoldo Castillo formaba parte del servicio de inteligencia de este grupo.
A esto se dedicaba el señor Leopoldo Castillo quien aún no ha perdido sus cualidades de soplón y homicida. En estos momentos cuando la digna cónsul de Venezuela en Miami es deportada por una vulgar sinfonía de acusaciones, todos nosotros nos preguntamos ¿Dónde estaba el departamento de Estado norteamericano cuando sucedían todas estas acciones?
Leopoldo Castillo que le gusta andar de viaje por EUA reunido con unos cuestionados personajillos no es detenido, pues cuenta en su haber como parte de la nomina de la CIA y este conspirador en el moderador de uno de los programas más palangristas de la comunicación venezolana.
www.aporrea.org

domingo, 8 de enero de 2012

SE FUERON TODOS



SE FUERON TODOS

Se marchan los míos,
todos se marcharon,
desde no sé dónde
para no sé cuando:

Se fue José Vigo
hacia el camposanto,
recitando versos
y entonando cantos.

Anda Luciano
rumiando vocablos,
por el cielo arriba,
por el cielo abajo.

Y entre las estrellas,
Agustín, sentado,
tiene un libro gordo
debajo del brazo.

Porque me encontré
enfermo y cansado,
me dieron patadas
San Pedro y San Pablo.

Desde no sé dónde,
no recuerdo cuándo,
se acercó una santa,
se puso a mi lado 



y, llena de rabia,
enfrentó a los santos:

-“¡Dejen al viejito

en su carapacho!

¿No ven que está enfermo?,

¿No ven que está malo?,

¿No ven que se muere?.

No lo ven, ¡carajo!”.


Por cuanto la santa
me había apoyado,
con todas mis fuerzas
le pegué un sopapo,
primero a San Pedro
y luego a San Pablo.

Fue tánto el coraje
que puse en mi brazo,
que los dos cayeron
de la Luna abajo
y, si no murieron,
se medio mataron.

Ahora ya saben
y tengan cuidado:
al que me jorungue,
aunque sea santo,
le pego una hostia
que lo desbarato.

Manuel da Roura

Caracas
Enero, 2012