miércoles, 9 de febrero de 2011

Soledad que me corroe.



Manuel Silva Fernández


Soledades.


Soledad que me corroe,
soledad que tengo dentro.
Llevadme a mi casa blanca.
Ponedme en medio del pueblo.
Llevadme a mi puerta parda,
bajo el tejado bermejo.
Dadme fresco en el verano,


dadme cobijo en invierno.
Arda leña en mi cocina
como anticipo del sueño
y entre un credo y un rosario
caiga afuera un aguacero.
Quiero la luna rielando
entre el Son y Corrubedo,
quiero la nube que tapa
a Montelouro en invierno.
Dadme suradas lluviosas,
dadme los nordestes secos,
dadme el sol de los veranos,
dadme los fríos de Enero.
Dame, Dios, mi hermosa tierra,
dame, Dios, mi viejo techo,
dame mi piedra de lar,
la tertulia con mis viejos
y el "boas noites" de ley
cuando nos invade el sueño.
Pongan en mi acera gris
una losa como asiento.
Que yo, sentado en la losa,
repasaré mis recuerdos.
Vengan, pues, amigos todos,
vengan jóvenes y viejos.
Acudan para abrazarme
mis queridos compañeros.
Compañeros de la vida,
de la escuela y los rueiros.
¡Cómo no querer lo mio!,
¡cómo no querer lo nuestro!,
si lo que el pueblo me dio,
es lo que tengo de bueno.

"¡COMPANEROS DEL ALMA!, ¡COMPAÑEROS!"

(Manuel da Roura)

Nota: El último verso se lo pedí prestado a Miguel Hernández. Yo lo pongo en mayúsculas.